Un pedacito de Caracas en bicicleta

Gracias a un esfuerzo conjunto del matrimonio perfecto (GDC y Alcaldía) se puede gozar cada domingo de las ciclovías: espacios “robados” a la vorágine automotriz capitalina para que, aunque sea por unas pocas horas, Caracas sea la ciudad humana que merecemos

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Texto: Gustavo Mérida
Fotografías: José Rivera

Caracas tiene la intención de dejar de ser hostil con las y los ciclistas. El primer domingo de este año, luego de ver la juramentación de Diosdado en la Asamblea Nacional entre parranderos de San Pedro y despechados de la oposición, uno se va a recorrer un pedacito de la ciudad, desde El Valle hasta el infinito, y más acá.

Lo primero, el equipamiento básico: una bicicleta en buen estado —no como esa que rompió el Comandante en Barinas mientras Oliver Stone lo filmaba. ¿Recuerdan la risa? “Jijiji, ¡la tengo que pagar!”, decía Chávez. Vaya un homenaje, cuando este primer domingo del año se cumplió un mes más desde su partida—, unos guantes, casco, zapatos de suela dura. No necesitas, para pasear, pedales automáticos ni zapatos especiales de ciclista, con anclajes. Si es posible, un forro de asiento con gel; si no tiene, úntese vaselina (o dígale a su novia que le unte. Si se retrasa la salida… no importa) sin escatimarla, en el “nies”. Si se retrasa la salida, mejor, porque sale a manejar relajado. Pero si no, obvie la sensación incómoda en la zona. Tener ese patuque es beneficioso al día siguiente. Lleve agua y póngase una franela de las que no importa que se manchen, por si acaso pasa por un charco.

La Intercomunal de El Valle es un paseo. Tiuna El Fuerte cerrado. Ya cerca de San Antonio se ve esa montaña hermosa que tenemos. Por lo general, las bicicletas no tienen, o no usan, retrovisores ni bocinas. Hay ciclistas que usan un pito y, bueno, no está de más voltear las veces que sean necesarias. Cuando no es domingo ni hay Caracas Rueda Libre o cuando no transitas por las ciclovías, los conductores en esta ciudad son hostiles con las bicicletas. Paso el conuco que tiene la gente del Movimiento Social y Ecológico Bolívar en Martí (diagonal al parque Italoamericano) y, luego, el premio de la bajadita hasta la Procuraduría. Listo, ya estás donde se “rueda libre”, no hay carros ni motos. Peatones, familias, patinetas, patines, mascotas y bicicletas: seguridad. Aquí hay una plaza: La Mujer, se llama. Cuando la Jefa de Gobierno pase en bici por aquí, y la vea, seguro cambia un poco. Sigo.

Es un paseo en el que uno puede manejar y usar la grabadora sin jadear. Llego a la plaza Los Símbolos. Hay unas 30 personas en cola esperando para usar las bicis que presta la Alcaldía a través del Imdere. Pedro Pedrón, promotor recreativo, me cuenta: “Es un préstamo que se hace a través de la cédula de identidad. Le dan una vuelta completa al circuito, que comprende desde aquí hasta la Procuraduría y regresa a la entrada del Estadio Universitario”. “¿Qué pasa si alguien quiere dar dos vueltas?”, le pregunto, pensando en los fiebrúos. “Tiene que volver a hacer la colita”, me responde Pedrón. También me cuenta que se prestan unas cuatrocientas bicicletas, que empiezan a las 7 am y siempre hay gente esperando bicis. Es un uso continuo. “Estamos en el parque Los Caobos, la plaza O’Leary y El Cuartel, en Catia”.

Por supuesto que no puedes manejar duro: hay muchos chamitos aprendiendo, familias. Es un paseo. Hacen caballito. En la entrada al hospital Clínico Universitario hay una patrulla, y a esta altura se comparte la vía con los carros, aunque está demarcado por donde no pueden circular los vehículos a motor.

Plaza Las Tres Gracias. Ya mucha gente va caminando al estadio donde, por cierto, en la noche los gloriosos Leones del Caracas le darían una pela a los Tiburones de La Guaira. Saludos al Alcalde. “¡Puesto, puesto, puesto!”, se oye mientras pedaleo al lado de la plaza en dirección a la UBV. “Pana, ¿cuánto cobras por el puesto?”. “Ochenta”, me grita. La cola de carros para entrar al estacionamiento es ruda. Hasta aquí, justo al principio de la ciclovía que va desde la UBV a las Residencias Estudiantiles Livia Gouverneur, frente a La Previsora, he recorrido 7,36 kilómetros. Un señor con gorra de La Guaira anda mal encarado, ¡desde antes!

CICLOVÍA

¡Qué camino tan de pinga! Seguro, pintado de rojo, demarcado. Lo único malo son dos avisos que están tirados en el piso. Son unos avisos verdes de señalización. Varios ciclistas vienen y se cruzan miradas amables. Vi a una “bicimami”. Si no era, pues es bicimami y no lo sabe. Transcribo cómo se definen: “Bicimamis somos chicas con estilos de vida diferentes, que tenemos algo en común: usamos la bicicleta como medio de transporte, moviéndonos en ella a todos lados en Caracas: al trabajo, a la universidad, a pasear, a la reunión con los amigos”. Siempre es bueno ver a una.

La ciclovía se divide en dos: desde la UBV hasta el puente Las Acacias, y de ahí hasta las Residencias. Curiosamente, la mayoría de los hoteles quedan del lado izquierdo. Sin duda, mejoró la “calle de los hoteles”. Ya cerca de las Residencias Estudiantiles, las paradas de mototaxis, taxis y la cercanía de la estación del Metro hacen que la ciclovía deje de serlo.

Un afiche grande de Chávez en bicicleta está en la pared de una tienda. Chávez siempre, siempre Chávez, imposible no recordarlo.

Cuando empiezas a disfrutar de la ciclovía, ¡se termina! Menos de nueve kilómetros de recorrido y ha pasado una hora desde El Valle. Con ganas de seguir, la mejor opción es ir hacia Los Caobos. Ya es la calle: pilas con los carros, pilas con todo.

Once kilómetros y una hora y pico después se llega a la Plaza de los Museos. Se atraviesa con cuidado el parque, respetando al peatón. La vaselina cumple su función y uno llega feliz a esta meta. Puedes optar por devolverte en Metro, la estación Bellas Artes está ahí mismito y se permite transportar las bicicletas los domingos; o le echas bola de regreso y haces más de 20 kilómetros. Es un paseo. Frente a Unearte el carrito de chicha me invita. Es importante que no se te olvide llevar algo de dinero, aunque sea 20 bolos. A mí se me olvidó.

Ciudad Caracas

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